| Huelga en Grecia: Esta es la guerra que daban por muerta |
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| Viernes, 07 de Mayo de 2010 21:02 |
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Si en 2009 los acontecimientos que se sucedieron en Grecia tras el asesinato policial de un joven anarquista nos decían que las revueltas no eran parte del pasado en la vieja Europa, el 2010 nos esta diciendo que la guerra de clases sigue igual de vigente que siempre, y que es posible comenzarla y desarrollarla aquí, en este mismo instante. La huelga general salvaje de ayer en el país griego evidencia la posibilidad y necesidad que se abre tras la deslegitimación de un orden mundial capitalista, que es la de recuperar la conciencia y rescatar la que dicen vieja lucha de clases. Pues es esta guerra, la que muchos daban por muerta, la única capaz de liberar de la opresión económica y social. El gobierno griego era muy consciente de lo que iba a ocurrir si anunciaba el programa de recortes propuesto por el FMI y avalado por la maltrecha zona euro, pues el presidente Papandreu sabe bien del nivel organizativo y crispación que existe entre la clase trabajadora de su país. Pero parece que no le ha quedado más que aceptar con buena gana el chantaje capitalista mundial, aun sabiendo de las consecuencias. Al fin y al cabo las marionetas solo obedecen a los estímulos de sus hilos, son otros quienes los mueven.
Ayer, la clase oprimida organizada de Atenas, Salónica y otras muchas ciudades gritó, expuso sus reivindicaciones, sacó sus banderas y se defendió con piedras y molotov porque hace tiempo ya que han perdido el miedo, el miedo paralizante y que mantiene a la mayoría de las personas del planeta bajo el imperio del dinero. Y esta es la única y sencilla razón por la que España no es Grecia, tal y como apresuran hoy a decir los "agentes sociales" de aquí. El miedo no desaparece, solo ha cambiado de bando, y eso hace de la protesta un proceso imparable. Hemos vuelto a ser miles La prensa y los manifestantes coinciden esta vez en considerar las protestas de ayer en las más numerosas y potentes desde hace más de veinte años. Fueron miles, millones quienes abandonaron sus puestos de trabajo en el comercio, la hosteleria, los trasportes o la agricultura para echarse a la calle y participar en las manifestaciones, que lejos de parecerse a los domesticados paseos que realizan los sindicatos oficiales en el Estado español, son buena muestra de la furia y las ganas de cambiar el actual estado de cosas, donde son los pobres quienes pagan un alto precio por los desmanes monetarios de su gobierno. Fueron miles y estaban organizados. Se mostraron tan convincentes que contagiaron la ilusión de prenderle fuego al parlamento, para que alrededor del medio día se agolparán ya más de cien mil obreros que se disponían a ello. Este simbólico gesto , aunque por un momento real, es un mensaje a los millones de oprimidos del mundo y en concreto su principal destinatario debe de ser la clase trabajadora de Europa, que a diferencia de Grecia, permanece en el más absoluto silencio y letargo, aun encontrándose en situaciones muy parecidas, como es nuestro caso. Han ido demasiado lejos podría decir el presidente. Pero los de abajo, los protagonistas de las portadas de hoy, tendrán que escupirle en este mismo instante todo lo contrario. Que no acaban más que de resucitar una guerra que se ha mantenido durante décadas en lo más profundo del abismo, aletargada por la brutalidad del pensamiento único y el miedo desesperado de la mayoría. Cuando anoche las principales calles de Atenas aun eran pasto de las llamas, decenas de detenidos eran esposados a sus celdas, muchos heridos se lamentaban por el dolor y la criminalización se ponía en marcha mediante la prensa internacional. A última hora, Los obreros griegos, los jóvenes o los inmigrantes tienen una tarea que realizar más allá del 5 de Mayo, día de huelga general, que es el fortalecimiento de sus organizaciones autónomas y radicales, la puesta en marcha de los mecanismos que hagan falta para comenzar a sustituir al estado en sus funciones y que devuelva a los productores lo que es suyo y el trabajo por una sociedad habitable y sostenible de igual derechos y deberes para todos, bajo sistemas verdaderamente democráticos donde la decisión sea gestionada por sus propios implicados. Deben continuar con esta guerra que han comenzado y que tiene por destino una revolución social. Con su palabra, y si es necesario con las armas en la mano.
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