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(Artículo de Diagonal) CNT-AIT: un siglo de utopía rojinegra PDF Imprimir E-mail
Martes, 04 de Mayo de 2010 11:49

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Tras una larga travesía en el desierto, la central anarcosindicalista celebra su centenario en un contexto marcado por el crecimiento y el recambio generacional.

“Para lograr su independencia la mujer necesita del trabajo y por consiguiente éste es penoso y mal retribuido. Proponemos que el salario responda a su trabajo con idéntica proporción al del hombre”. La declaración, que sin duda podría pertenecer al manifiesto del último 8 de marzo, fue formulada el 1 de noviembre de 1910. Junto a demandas que hoy nos parecen elementales como la jornada de 8 horas o el fin del trabajo infantil, forma parte de las resoluciones del congreso fundacional de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), un sindicato que años más tarde se convertiría en la organización más poderosa de la clase trabajadora del Estado español.

Pero lejos quedan hoy aquellos “años gloriosos” donde auténticos visionarios como Juan Peiró o Federica Montseny, atravesados por ideas comunistas libertarias, antimilitaristas, laicas y naturistas, dieron cauce a la llamada Revolución Social de 1936. Lejos una época en la que, con más de un millón y medio de afiliados y en plena Guerra Civil, la CNT logró colectivizar centenares de explotaciones agrícolas y amplios sectores industriales de Aragón y Catalunya.

Aunque implantada en todo el Estado, con sus aproximadamente 10.000 militantes, la CNT, que hoy celebra su centenario, es un sindicato modesto, pero con gran proyección de futuro. En palabras de su responsable de Comunicación, Miguel Á. Fernández, “tras la travesía en el desierto que se dio desde mediados de los ‘80, con el cambio de siglo se produce un notable aumento de la afiliación, algo que se ha consolidado e incluso aumentado de manera exponencial en los tres últimos años”. Atrás queda un periodo marcado por las luchas intestinas y las escisiones, una de las cuales dio origen a la actual CGT.

El auge de algunas confederaciones regionales como Galicia, Catalunya o Andalucía, “que actualmente está imprimiendo un ritmo frenético”, y la creación de nuevos sindicatos (Santander, Gandía, Las Palmas...), dan fe de una revitalización en la que la juventud es protagonista. Mientras “la edad media de otros sindicatos es muy alta”, en CNT “hay un relevo, una nueva generación de militantes, que tienen unos 30 años y están asumiendo tareas de responsabilidad”, afirma Ana Sigüenza, secretaria general de la central de 2000 a 2003. Para esta profesora madrileña, la primera mujer en el Estado español que ha ocupado ese cargo en un sindicato de ámbito estatal, la atracción que ejerce la organización en muchos jóvenes tiene su origen en su particular modelo sindical: “Si abogas por un sindicalismo tradicional electoralista hay sectores, muy desregulados y en los que trabaja mucha gente joven, que van a quedar fuera, como hostelería, comercio, transporte o comunicación.”

A diferencia de las centrales mayoritarias, la CNT, que tampoco acepta subvenciones ni liberados, se opone frontalmente a participar en los comicios sindicales y rechaza los comités de empresa. Como alternativa, propone la asamblea de trabajadores y las secciones sindicales. Con estos mimbres, no es de extrañar que, como señala Miguel A. Fernández, “la mayor cancha de pelea de nuestra organización se encuentra en la mediana empresa, que es donde mayor protagonismo y logros sindicales está obteniendo mediante la firma de pactos extraestatutarios; en sectores nuevos como arqueología y forestales y, por supuesto, en el ámbito del trabajo temporal y precario que, por no basarse en las elecciones sindicales, ha sido abandonado por los sindicatos mayoritarios”. En este marco y con la crisis como mar de fondo, la confederación tiene hoy dos prioridades: la lucha contra el paro y el fomento de la autoorganización de los parados y la oposición a las “reformas laborales”.

Suso García, de la CNT de Betanzos, un sindicato que en dos años ha logrado una notable implantación en la localidad coruñesa, observa la actual recesión económica en términos de oportunidad: “la CNT debe aprovechar este momento para hacer mucha acción sindical, trabajar por los trabajadores y convertirse en un referente de lucha”. Para ello, continúa, “hay que ser generosos, no sectarios y tener mentalidad abierta.” Con esta receta, el sindicato de otra localidad pequeña, Lebrija (Sevilla), logró hace poco más de un año que el 90% de los establecimientos del pueblo cerrase en una huelga general contra el paro y por “el reparto justo del trabajo" (ver abajo). Para muchos, Lebrija marca el camino de una organización que, después de ocho años de espera, celebrará en diciembre su X Congreso Confederal.

Movimiento libertario

Aunque no es extraño verla en movilizaciones sociales como las luchas contra el TAV en Euskadi o contra la refinería de Tierra de Barros en Extremadura, por poner dos ejemplos actuales, en el llamado movimiento libertario la CNT siempre se ha centrado en la actividad sindical, dejando a Mujeres Libres las cuestiones de género y a la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y a las Juventudes Libertarias (hoy Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas) el trabajo más político o ideológico. Junto a estas tres entidades, cuya presencia es actualmente escasa, la Fundación Anselmo Lorenzo se encarga, a través de investigaciones y de la custodia de documentos, de preservar la memoria del movimiento.

Lebrija marca la senda

Victoriano Vela, que en 2003 puso en marcha la CNT de Lebrija (Sevilla) junto a otros trabajadores provenientes del SOC, asegura que desde el 18 de febrero de 2009 es frecuente toparse en la sede sindical con personas que preguntan: “¿Éste es el sitio donde ayudan a los trabajadores?”. Ese día, después de “cuatro meses de estudio, preparación y mucho trabajo”, recuerda Vela, el sindicato logró todo un hito: la paralización del 90% del tejido productivo de la localidad (26.500 habitantes) en una huelga general convocada contra el “enchufismo” fomentado por el Ayuntamiento (PSOE-IU) y por el “reparto justo del trabajo”. Por ende, a pesar del boicot de UGT y CC OO y con la ayuda de 30.000 octavillas que repartieron en los días previos, el sindicato consiguió que 2.500 personas secundaran una manifestación convocada en solitario. Tras la huelga, la CNT de Lebrija no sólo ha pasado de 70 a 120 afiliados. Sobretodo, subraya Vela, “nos hemos ganado el respeto de la gente. Todo el mundo ha entendido que la CNT es un sitio de honradez, un lugar donde se ayuda” a los que menos tienen.

Periódico diagonal

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